lunes, 28 de marzo de 2016

Bienvenidos sean a este mi diario personal. Les comentaré un poquito sobre mi, especialmente sobre mi matrimonio y lo que yo llamo MI LUCHA.

Tengo 10 años de casada y 2 hijos hermosos. En estos 10 años yo creía ser una buena esposa, ya que nunca le fui infiel a mi marido, siempre intente consentirlo con cosas materiales, nunca lo agredi fisicamente, ni él a mi, nuestra casa siempre estaba perfectamente aseada, personalmente siempre me ocupe de llevar el control del hogar, ejemplo realizando puntualmente los pagos de deudas, la compra de los alimentos, la educación de mis hijos, planear vacaciones, etc. En otras palabras, nunca deje  que mi esposo asumiera el rol de jefe de familia, ese rol que Dios dispone para nuestros esposos. Yo protagonizaba ese papel y realmente pensaba que lo hacia bien, porque lo hacia con amor, pero que equivocada estuve, porque con el paso del tiempo, llevar tanta responsabilidad sobre mis hombros termino pasandome la factura, tanto fisicamente como espiritualmente.   Cuando me sentí cansada de asumir toda la administración de mi hogar, fue cuando empece a convertirme en una mujer contenciosa (peleonera), egoista,  soberbia, vanidosa, con un caracter muy fuerte (que siempre lo tuve), pero lo que más me describía era que siempre deseaba tener el control absoluto de mi esposo, de sus decisiones, de sus actos, porque pensaba que era mi deber tener el control de todo, pero en la voluntad del Señor, eso no era así. Él tiene roles para cada uno de nosotros (esposos y esposas), y cuando alguno de los dos adquiere o roba ese rol divino, ahi mismo comienza una fractura en el matrimonio.

Mi esposo se canso de mi mal genio, se canso de tantos conflictos y se marcho. Sí, se marcho dejando atras a una familia destruida, a unos hijos que no entiendian el porqué, un matrimonio roto, y a mí preguntandome que había hecho mal. Que curioso verdad? en ese tiempo, yo pensaba que era la victima, lo habia ayudado tanto en todos estos años para que creciera profesionalmente, siempre lo alente para que continúara estudiando, para que prosperará, siempre intente levantar sus cargas, pero olvide algo muy importante en nuestro hogar: OLVIDE DARLE EL ESPACIO DE HONRA Y DE PRIVILEGIO A DIOS.

¿Como es eso? Bueno, sencillo, para el resto de las personas, eramos un matrimonio perfecto, viajabamos, teniamos un lindo carro, una linda casa, unos hermosos hijos, paseabamos de un lado a otro, pero algo no estaba llendo bien, saben que faltaba? Exactamente, darle a Dios el lugar que él merece dentro de nuestros hogares. Nosotros olvidamos completamente que todo lo que teniamos y lo que habiamos logrado construir en esos 10 años de vida en pareja, no era unicamente fruto de nuestro esfuerzo, sino por la misericordia de Dios. Todo lo que teníamos, incluido nuestro matrimonio era una Bendición de Dios, pero nos olvidamos de él, es más lo apartamos de nuestras vidas, mis hijos crecian entre lujos, pero faltandoles la enseñanza de Cristo como su redentor.

Ahora reconozco que Dios permitio que mi familia cayera y se destruyera, porque ciertamente mi hogar no estaba construido sobre la Roca que es Dios. Durante los últimos años, personalmente sentí como constantemente Dios tocaba a la puerta de mi casa, pero yo no lo deje entrar.

¿Porque describo este proceso como MI LUCHA?

Actualmente tengo casi 5 meses de encontrarme separada fisicamente de mi esposo, de los cuales durante 3 meses luche con mis fuerzas, como es eso? pues, insistiendo contantemente a mi esposo que regresara a casa, intentando que entrara en razón, cuestionando sus decisiones, en fin, haciendo lo que todos y todas las que pasamos por esta situación sabemos que no funcionan, es más, causan un efecto contrario. Y porqué estas cosas no funcionan si lo que estamos intentando es salvar nuestro matrimonio? Simple, porque la lucha por nuestro matrimonio y la pelea por nuestra familia, no es una guerra en la carne, sino una LUCHA ESPIRITUAL.

¿Espiritual? ¿Entonces como debemos actuar? Bueno, en estos momentos lo único que tú y yo debemos hacer es orar, confiando en que si Dios permitio que estemos pasando por esta situación es con un proposito especial y soberano que aún no conocemos, y quizá nunca lo sabremos.

Pero debo decirte algo aún más importante, antes de iniciar esta guerra para salvar tu matrimonio, tú al igual que yo, debemos entregarle nuestra vida por completo a Dios, haciendolo a EL el centro de nuestra vida, y dandole el lugar de priviliegio que él merece tener en nuestros hogares. El número 1 de tu vida no debe ser tu esposo, esposa, hijos, trabajo, dinero, etc. Tu vida debe girar en torno a Dios y tener presente el sacrificio que su hijo Jesús hizo por tí, por mí y por nuestros esposos y esposas.

Este es mi bendecido viaje hacia la restauración de mi matrimonio. Si gustas puedes acompañarme.

Con amor, Marce